-Papá, no entiendo por qué antes el abuelo ayudaba en las tareas de casa, y ahora me toca a mí tirar la basura, cargar con la compra, cortar el césped y muchas cosas más porque él nunca lo hace y está siempre sentado de brazos cruzados.
El padre frunce el ceño y dice:
-Te entiendo, hija. Yo pasé por lo mismo que tú, pero debes saber que el abuelo siempre ha hecho lo mejor para cuidar de ti. Te contaré qué le pasó a un perro de caza y a su amo. Hace años, un perro de caza, de avanzada edad, se encontraba en una jornada de caza junto a su amo. Tuvo la magnífica suerte de encontrarse un jabalí, al que quiso atrapar para su dueño. Puso todo su empeño en atraparlo, pero el animal consiguió escaparse rápidamente. Su amo se enfadó con él por haberlo dejado escapar y le regañó severamente. A ésto, el perro le contestó: "No creas que lo he dejado escapar por voluntad propia, pero por mucho que los dos lo deseemos, mis facultades nunca volverán a ser las mismas que cuando era joven. Mejor que enfadarte conmigo, alégrate por todos esos años en los que te ayudaba sin descanso".
Miriam escucha atentamente a su padre y, cuando éste acaba de relatar su historia, sonríe exclamando: "Estoy orgullosa del abuelo que tengo, que nunca me ha fallado y que siempre me ha cuidado"
A Miriam le gusta tanto el relato que le ha contado su padre que, al llegar a casa, escribe una nota en la nevera, diciendo:
"Respeta, ama y trata bien a las personas mayores, que aunque ya no pueden realizar grandes proezas, dieron sus mejores años para darte a ti una vida mejor".
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